El éxito y sus espinas

Al parecer, no ha habido otra época en que los seres humanos persigamos tanto al éxito como la de ahora. Deberíamos llamarla “El siglo de los éxitos”.

En cada periódico, en cada conferencia académica o empresarial, en cada hogar y en cada esquina, estamos conversando, escuchando o pensando en obtener el éxito en cualquiera de los campos al que nos ha llevado el destino.

Hemos perdido bastante de nuestra capacidad de asombro ante las cosas sencillas de la vida: no nos interesa el trino de un pájaro o el murmullo del agua de un río, el gorgorito de un ser humano recién venido a la vida o una risotada infantil, una mañana translúcida o una noche de luna llena, el canto de un gallo mañanero o el cariñoso saludo de los vecinos. No nos llama la atención un burrito Platero o un principito en medio del desierto recordando a su única bella rosa, aunque tenga su espina…

Más bien el éxito y la felicidad están por otros lados: tener dinero que represente la capacidad emprendedora que tenemos; ganar fama como gran orador; tener un título académico que nos brinde respeto; salir elegido como representante local o nacional; dar a conocer todos los lugares que hemos visitado…

Y todo a la mano: aromas para eliminar el estrés; píldoras para rebajar de peso sin hacer esfuerzo; jarabes para tener memoria para todo…

Lo malo de todo es que no nos llega la felicidad sino por momentitos cortos…

El filósofo Emerson nos habla sobre la felicidad y dice: “La felicidad es una puerta que se abre hacia afuera”.

Es preciso volver nuestra mirada hacia dentro. Detenernos a mirar nuestras maravillas internas, nuestras vivencias llenas de luz, también nuestros errores…, para poder abrir nuestras puertas hacia los otros seres humanos que viven con nosotros y que los dejamos pasar muchas veces sin mirarlos…

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *