No lo podemos negar: el Gobierno Nacional viene desarrollando un importante trabajo en la lucha contra la delincuencia organizada. Es una batalla necesaria y urgente, porque superar la seguridad significa devolverle a la ciudadanía algo tan elemental como el derecho a vivir sin miedo.
Pero, a mi modo de entender este complejo problema, la lucha contra la delincuencia no puede limitarse únicamente a combatir sus secuelas. También es necesario atacar, con decisión y visión de futuro, algunas de las causas que están alimentando la violencia y la exclusión.
¿Cuáles son esas medidas complementarias? Son varias, pero considero fundamentales, entre otras, generar mayores oportunidades de empleo, ampliar las posibilidades de acceso de nuestros jóvenes a las universidades, crear escuelas para formar deportistas profesionales y fortalecer, desde el hogar y la escuela, una verdadera educación en valores, principios y respecto a la dignidad humana.
Un joven que encuentra oportunidades para estudiar, trabajar, ser un gran deportista y construir dignamente su futuro tendrá menos razones para mirar hacia la delincuencia como alternativa. Por eso, combatir del delito es indispensable, pero prever y prevenirlo es también una responsabilidad del Estado y de toda la sociedad.
No es mi intención poner diques ni restar méritos a la lucha frontal contra la delincuencia que viene aplicando el gobierno. Todo lo contrario. Pienso que esa lucha debe continuar y fortalecerse, pero obviamente acompañada de políticas sociales, educativas y económicas que permitan cerrar las puertas por las que el delito está ingresando.
Porque la seguridad no se construye solamente con la fuerza; también se edifica con la educación, la enseñanza, las oportunidades, el trabajo, la familia, los principios y la esperanza.
Sea lo que sea, hay algo alentador: cada vez somos más quienes comprendemos que erradicar este mal no es tarea de unos pocos, sino un compromiso colectivo. Gobierno, instituciones, familias y ciudadanos debemos caminar en la misma dirección.
Combatir este abyecto problema, que ha ocasionado tantas y tantas catástrofes en casi todos los ámbitos, requiere una profunda y total reparación. Pero ninguna cosa es tan necesaria que prever y prevenir, desde ahora, la construcción de una sociedad con oportunidades, principios y valores, porque una sociedad justa y segura no solo se defiende de sus males, sino que también se anticipa a ellos.
Jaime A. Guzmán R.
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