Hay ciudades que se conocen por sus calles, sus plazas y sus monumentos. Y hay otras que se conocen por la memoria del corazón, porque son “casita de mis padres, mi amor”.
Caminar por Loja es encontrarse con una ciudad que guarda historias en sus esquinas, en sus casas antiguas y en sus teatros.
Loja aprendió a contarse en las páginas de Miguel Riofrío, Pablo Palacio, Ángel Felicísimo Rojas y Benjamín Carrión, y a reconocerse en las melodías de Salvador Bustamante Celi, Segundo Cueva Celi y Benjamín Ortega. Junto a ellos, tantos otros escritores y poetas han ido construyendo, desde distintas épocas y miradas, la identidad literaria de esta tierra, así como tantos músicos y compositores que, con sus obras, han ampliado el lenguaje sonoro de Loja.
Nuestra cultura es esa llama que atraviesa generaciones, como si desde la antigua Cuxibamba siguiera encendida una luz que se niega a desaparecer y encuentra, en cada generación, nuevas voces para nombrarnos. En ella se entretejen el escritor, el poeta, el pintor, el escultor y el músico; todos ellos, guardianes de una sensibilidad profundamente lojana. Y, por encima de todos los nombres y todas las formas de crear, está “el lojano”, que lleva consigo una sensibilidad profunda, una memoria que no se pierde y un elegante orgullo por la tierra que lo nombra. Porque hacer Loja es hacer patria.
La cultura necesita público, respaldo y memoria, pero, sobre todo, presencia. Y es ahí donde nace nuestro desafío: reconocer el talento que tenemos cerca, ocupar los teatros, comprar libros, escuchar música local, asistir a exposiciones y hablar de quienes están creando.
Porque la cultura no se demuestra únicamente con festivales, placas, escenarios o discursos. Se demuestra cuando una ciudad reconoce a quienes crean en ella, cuando sus artistas pueden crecer sin tener que marcharse para ser valorados y cuando el aplauso llega en vida.
No convirtamos la nostalgia en la única forma de reconocimiento. Una ciudad cultural no solo es la que recuerda con orgullo a quienes construyeron su historia, sino la que convierte ese legado en inspiración para quienes hoy están escribiendo las nuevas páginas de Loja.
Stefany Patiño Espinoza
@stefany_vale