Los abuelos para sus nietos, son historia viva y abrazos seguros; amarlos no es un deber moral ni una transacción de gratitud, es un regalo emocional que los mismos nietos se conceden al dedicarles tiempo, ya que cuando escuchan sus relatos, encuentran su mejor brújula o al sostener sus manos tibias y arrugadas, aprenden sobre la dignidad del tiempo y la belleza de la fragilidad; a cambio, los abuelos son guardianes de la memoria familiar y puente vivo entre el origen y su destino, enseñándoles lo que realmente permanece cuando todo lo demás se desvanece; definitivamente su amor es un refugio incondicional.
Mientras los padres asumen la difícil tarea de educar, corregir y moldear; los abuelos ofrecen el privilegio de un amor tierno y sin juicios, sin importar las bajas calificaciones, los fracasos, los tropiezos emocionales o la edad, para sus ojos serán siempre la mayor maravilla del mundo; sin embargo, a veces se olvida que amarlos no es un legado pasivo, sino un acto de presencia activa. Si hoy tienes la suerte de tener a tus abuelos vivos, no dejes que el ruido del mundo te distancie de ellos, no esperes a su cumpleaños o un quebranto de salud para tener que acompañarlos; búscalos, míralos, pregúntales cómo se sienten, qué soñaban a tu edad o qué los hace sonreír y recuerda abrazártelos con la convicción de que esos abrazos, son la herencia más valiosa que jamás vas a recibir.
Talia Guerrero Aguirre
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