¿Nos tomamos la política en broma o en serio?

Hay dos personajes que se toman la política en broma: 1. El pesimista, persona desesperanzada y apocalíptica, partidaria del tremendismo oscurecedor en política. Cierto día se reúnen dos políticos pesimistas, el uno dice: – tal como vamos terminaremos comiendo mierda. – ¿Y sí alcanzará la mierda para todos? responde el otro (¿se dice mierda, correctores de estilo?). 2. El optimista, partidario del «ja ja ja ji ji ji», «mire usted, aquí no ha pasado nada», «¡No se preocupe, este gobierno es óptimo!»; este optimista mira que las aguas de la política bajan muy turbias y en lugar de denunciar lo fuliginoso remando corriente arriba, mejor bendice la turbiedad. Así, el pesimista y el optimista con sus actitudes de acomodación a lo turbio andan por ahí presumiendo de «tolerancia», cuando en realidad es apostasía. Cosa distinta sucede cuando la persona pretende hablar y vivir la política en serio desde el optimismo trágico (Viktor Frankl dixit), con entusiasmo y esperanza activa. El político entusiasta asume con profundidad la causa de la política, se convierte en enemigo de lo inhumano, de lo que causa víctimas, de lo empobrecedor, de la mentira venga de donde venga; adopta un sistema discrepante ante el desorden establecido que quiere aparentar orden. Una política seria pide además confesión de fe, presencia pública, denuncia que anuncia, compromiso trasformador y militante. El político serio tiene presente que «en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles; los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios, que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia» (2Tm 3, 1-5). Frente a esto el político serio «proclama el mensaje, insiste a tiempo y a destiempo, usando la prueba, el reproche y la exhortación, con la mayor comprensión y competencia; porque va a llegar el momento en que la gente no soportará la doctrina sana; no, según sus propios caprichos, se rodearán de maestros que les halaguen el oído; se harán sordos a la verdad y darán oídos a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, trabaja en propagar la buena noticia, y desempeña bien tu servicio» (2 Tm 4, 2-5).

Jorge Benítez Hurtado

jabenitezxx@utpl.edu.ec

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