Cuando una tragedia golpea algún rincón del mundo, los ecuatorianos solemos responder con solidaridad. Nos conmueven las imágenes, compartimos mensajes y nos unimos a campañas de ayuda. Esa sensibilidad nos honra, sin embargo, no podemos permitir que la distancia nos haga más sensibles al dolor ajeno que al sufrimiento de quienes comparten nuestra misma tierra.
Hoy, el llamado nace desde el sur del Ecuador. La parroquia Guadalupe, en la provincia de Zamora Chinchipe, fue devastada por un aluvión que, en cuestión de minutos, borró del mapa una comunidad, destruyó viviendas, arrebató vidas y dejó a decenas de familias enfrentando el dolor de perderlo todo. La emergencia mantiene víctimas mortales, personas desaparecidas y cientos de afectados que hoy necesitan mucho más que nuestra preocupación: requieren nuestra solidaridad efectiva.
Con frecuencia, cuando una tragedia ocurre en las grandes ciudades o en el norte del país, la cobertura mediática es inmediata y masiva. Pero cuando el desastre sucede en una pequeña población amazónica, lejos de los grandes centros urbanos, el eco parece apagarse con mayor rapidez. No debería ser así. En el Ecuador no existen dolores de primera ni de segunda categoría. Cada familia que llora merece la misma atención, el mismo respeto y la misma respuesta.
Los ecuatorianos hemos demostrado en reiteradas ocasiones, que en los momentos difíciles aflora nuestra mejor esencia. Somos un pueblo que sabe compartir el pan, abrir las puertas de su hogar y tender la mano sin preguntar de dónde viene quien necesita ayuda. Los buenos somos más, y precisamente en circunstancias como esta debemos demostrarlo.
La solidaridad no siempre se mide por la cantidad de dinero que entregamos, se expresa también compartiendo campañas confiables, donando víveres, organizando ayuda desde nuestros entornos o simplemente evitando que el olvido cubra una tragedia que aún duele. Recordemos que el país no termina donde acaba nuestra ciudad. Comienza, precisamente allí, donde otro compatriota necesita de nuestra mano solidaria.
Lucía Margarita Figueroa Robles
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