Tiempo de calidad por tiempo de conexión

La culminación del año lectivo en el régimen sierra, para unos representa descanso; para otros la posibilidad de viajar o disfrutar del tiempo libre. Pero, sobre todo, debería convertirse en una oportunidad para recuperar aquello que la rutina y la prisa nos ha ido arrebatando, el encuentro familiar.

Las escuelas cumplen una misión invaluable. Forman conocimientos, desarrollan habilidades y fortalecen valores que preparan a los estudiantes para enfrentar los desafíos de la vida. Sin embargo, la educación nunca ha sido una tarea exclusiva de las instituciones. El primer espacio donde se aprende a respetar, escuchar, compartir, agradecer y amar sigue siendo el hogar. La familia continúa siendo la escuela más importante.

Paradójicamente, vivimos en la era de la mayor conectividad tecnológica y de las mayores distancias afectivas. Los dispositivos móviles han logrado ocupar silenciosamente los espacios que antes pertenecían a las conversaciones familiares. Hoy no resulta extraño observar a padres e hijos reunidos físicamente, pero cada uno inmerso en la pantalla de su teléfono. Mientras los niños buscan una mirada, una palabra o una historia, muchas veces encuentran adultos pendientes de una notificación, una publicación o la inagotable actualización de las redes sociales.

Quizá sin advertirlo, estamos cambiando tiempo de calidad por tiempo de conexión. Nos preocupamos por responder mensajes con inmediatez, pero postergamos la pregunta más importante del día: «¿Cómo te fue hoy?». Dejamos de escuchar sus alegrías, sus preocupaciones y hasta sus silencios, esos que también necesitan ser comprendidos.

Las vacaciones ofrecen una ocasión privilegiada para corregir ese rumbo. No hacen falta grandes viajes ni gastos extraordinarios. Bastan una caminata, una conversación sin interrupciones, leer juntos un libro, cocinar en familia o simplemente compartir una tarde sin que el teléfono sea el protagonista. Recordemos que los recuerdos que construyamos hoy serán el verdadero aprendizaje que llevarán consigo durante toda su vida.

Lucía Margarita Figueroa Robles

luma.figueroaro@gmail.com

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