La obra provincial no llega a todos

Mientras otros cantones celebran la construcción de aulas escolares, el adoquinado y pavimentos de calles, el asfaltado de vías rurales, la potenciación de proyectos de riego y hasta infraestructura para ferias ganaderas, los pindaleños se preguntan, con razón y con dolor: ¿Por qué la planificación provincial parece saltarse sistemáticamente este rincón del suroccidente?

La ciudadanía de Pindal ha aprendido a comparar con la mirada: ven cómo la Prefectura anuncia obras en otros lugares, mientras sus vías rurales siguen abandonadas, su maquinaria no aparece y la coordinación institucional entre la Prefectura y el Municipio local brilla por su ausencia. Con valentía, la vicealcaldesa Mariela Calderón en su momento alzó la voz con altivez, valor y coraje en la Cámara Provincial. Reclamó más acción, más presencia, más obras. Reclamó, en esencia, que a Pindal se le mida con la misma vara que al resto.

Sus palabras fueron contundentes: las vías rurales abandonadas, la maquinaria de la Prefectura ausente en el territorio, la nula coordinación con el alcalde Julio Guerrero. Detrás de ese reclamo subyace una sospecha que flota en el ambiente pindaleño: ¿las diferencias políticas o ideológicas entre el prefecto y el alcalde están condenando al cantón al olvido?

Lo más doloroso es que los pindaleños no piden privilegios. Piden lo que otros ya tienen: equidad. Y la equidad no es un favor, es un deber constitucional. Ver con sana envidia cómo en otros cantones se inauguran obras que transforman realidades mientras en Pindal ni siquiera se anuncia un bacheo, es un golpe directo a la autoestima de una comunidad que está dispuesta a salir adelante.

La pregunta que atraviesa el corazón del pueblo pindaleño es demoledora: ¿tocará esperar un nuevo periodo del prefecto para que, quizás, se ejecuten obras en el cantón? ¿Acaso el desarrollo tiene que someterse a los ciclos electorales? Pindal no puede esperar otro periodo. Pindal necesita ahora. Porque sus vías están destruidas, sus productores no pueden sacar sus cosechas y sus jóvenes, hartos de promesas incumplidas, siguen empacando maletas.

César Sandoya Valdiviezo

cesarsandoya@hotmail.es

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