La política no es un ejercicio de altruismo, ni un espacio de bondad; al parecer es todo lo contrario.
Las nuevas formas de hacer política han trastocado el espectro, los modelos diseñados por los especialistas “Compol” han desvirtuado el verdadero objeto de esta ciencia, y hoy es más acertado pensar que el fin justifica los medios, que la imagen es más importante que el discurso, pero sobre todo que el Quién siempre estará por encima del Qué.
En esa industria en la que se ha convertido la política, existen crédulos, que con exceso de inocencia o ingenuidad, sin descontar la ambición, están convencidos de que existe un «guion» o un plan superior que los ubica en momentos exactos y con personas específicas para convertirse en lo que les han dicho que deben ser.
Creer que estás destinado para algo grande es una mezcla poderosa de propósito interno, fe y autoconfianza, pero en política eso no basta. Pues donde hoy eres la promesa política, mañana serás la competencia del caudillo, y donde hoy te envolvieron en halagos y respaldo mañana te los retirarán sin ningún reparo.
Entonces en esa constante búsqueda de lo que crees que es tu misión de vida y que te impulsa superar obstáculos y a mantener la perseverancia, incluso cuando el camino parece difícil, ¡cuidado! porque las conexiones destinadas también calculan, y atrás de ti hay intereses que no son los tuyos. Por lo tanto, perseguir tus objetivos, tu propósito y generar un cambio en la vida de muchos, puede terminar con tu vida misma.
Porque sentir que estás destinado para algo grande no significa que estés preparado cuando llegues. Porque los poderes fácticos y reales de un país, no se sostienen en las buenas intenciones, los caminos sinuosos de la política involucran inversión, interese, personas y consecuencias, y lamentablemente todas ellas obscuras.
Jorge Ochoa Astudillo
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