Lo que se observa en el tablero político ecuatoriano no es pragmatismo; es una degradación ética que convierte a las organizaciones políticas en simples «cascarones» jurídicos al mejor postor. La política nacional ha descendido a un nivel de descomposición donde los partidos no son escuelas de pensamiento, sino objetos de subasta. Lo que presenciamos —tras la crisis de la Revolución Ciudadana y la vergonzosa oferta de personajes como Lucio Gutiérrez, invitando a sus supuestos «archienemigos» a usar su sigla— no es praxis; es la consolidación de los verdaderos problemas de la crisis social del país. Son estructuras dispuestas a venderse a cualquiera con tal de saciar intereses particulares, sin el menor rastro de vergüenza.
Ser dueño de un partido se ha vuelto un negocio redondo. En Ecuador existen 233 organizaciones políticas —entre movimientos y partidos nacionales, provinciales, cantonales y parroquiales— habilitadas para los procesos electorales, donde la falta de transparencia es el denominador común. Esta fragmentación no es democracia; es un inventario de franquicias electorales que liquidan sus principios al cierre de la jornada.
Es una afrenta ética ver cómo estructuras de ideologías opuestas se ofrecen como refugio para el oportunismo. No existe convicción, solo el interés de acceder al Fondo Partidario Permanente, que reparte millones de dólares del Estado entre directivas sin militancia real.
El resultado es nefasto y evidente, instituciones pobladas por «arrendatarios» que no responden a las necesidades del pueblo, sino a caudillos que representan la típica viveza criolla. Esta metástasis nos ha convertido en un mercado de abastos donde la fe pública se remata al mejor postor.
¡Mientras las leyes permitan que los partidos sean activos comerciales y no instituciones de principios, seguiremos gobernados por el cinismo! No podemos seguir siendo cómplices de este sainete. Un partido que se alquila es una estafa al voto popular. Exijamos una reforma que elimine estas cloacas. Si permitimos que la política siga siendo un negocio de arrendamiento, hipotecamos el futuro del país a las mafias del oportunismo y la corrupción. ¡Basta de validar esta farsa!
Pablo Ortiz Muñoz
acuapablo1@hotmail.com