Vivimos en la era de la inmediatez, donde el «entretenimiento light» anestesia los sentidos en lugar de despertarlos, y por si fuera poco ha colonizado nuestra cotidianidad. Frente a este panorama, surge una urgencia pedagógica y social que es la imperiosa necesidad de cultivar el arte en la primera infancia como el único antídoto contra la vacuidad intelectual de la adultez.
Estamos a las puertas de celebrar el Día Mundial de la Poesía, una fecha que no debe pasar como una efeméride vacía, por ello se están programando diversos encuentros en nuestra ciudad que demandan la asistencia no de poetas e intelectuales, sino de familias. Llevar a un niño a escuchar la cadencia de la palabra es enseñarle que el lenguaje es un templo, no solo una herramienta de transacción.
Asimismo, transitamos el mes de la música en una Loja que late con más fuerza que nunca. Este año, el homenaje cobra una dimensión histórica al conmemorar los 150 años del natalicio de Salvador Bustamante Celi, pilar de nuestra identidad sonora. Y en este marco, nuestra cantera de inagotables artistas ha sido testigo de hitos vibrantes, como la reciente Gala de Música Nacional “Ecos del Ecuador” organizada por la Academia Ruanvica junto al trío Kopal, Fue allí donde niños y jóvenes talentos, con una interpretación pulcra y conmovedora, demostraron que el rigor técnico y la pasión artística son el verdadero lenguaje de la excelencia.
Asistir a estos eventos no es un acto social; es una inversión en la salud cultural de nuestras futuras generaciones. Hagamos que el arte deje de ser la excepción para convertirse en el aire que respiramos. El arte cultiva la reflexión crítica. Mi enhorabuena por todos estos esfuerzos de instituciones y academias que apuestan por un futuro más sensible, más humano y más empático.
Lucía Margarita Figueroa Robles
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