El Municipio de Loja está preocupado por recuperar el espacio público para el peatón y promover una convivencia más armoniosa en el centro urbano, que hoy por hoy recibe una sobrecarga vehicular por el incremento del parque automotor. Para el efecto desde el mes de noviembre del 2025 ha puesto en marcha la socialización del proyecto “calles vivas” cerrando al tráfico vehicular la calle céntrica Rocafuerte entre Olmedo y Bernardo Valdivieso a fin de evaluar el impacto ciudadano sobre su peatonalización. Justificando el proyecto con algunas presentaciones culturales, ignorando que en la misma calle está la Plaza de la Cultura sin ocupación alguna, esperando le den actividad como “plaza viva”.
El proyecto no deja de ser posible siempre y cuando lo sugiera el Plan de Desarrollo Urbano y Rural de Loja que al parecer no existe, lo que limita tener una ciudad con un nivel de calidad urbanística, moderna, bella y ordenada. La improvisación puede dar paso a la tentación del fracaso.
Hay que decir que la ciudad por ser pequeña siempre ha tenido “calles vivas”. Los desfiles, las concentraciones populares, protestas y eventos estudiantiles, celebraciones cívicas, religiosas o políticas y un etcétera de eventos ocupan, con permiso o sin permiso, las calles céntricas cerrando el tránsito vehicular con la incomodidad para todos los actores.
Lo que no hay y debe preocupar al Municipio es una necesaria ordenanza para descongestionar el tránsito. Son miles de vehículos que circulan por las angostas calles del centro de la ciudad, produciendo serias dificultades al peatón, así como la contaminación del casco urbano, que no se soluciona con las “calles vivas”.
Si de verdad hay preocupación por el tema, repetimos debe considerarse las regulaciones de un plan de desarrollo urbano actualizado y con visión de futuro. La improvisación o la aventura de la imaginación puede complicar el deseo ciudadano de no seguir atascado en el tiempo.
Adolfo Coronel Illescas