El discurso de Angostura

Culminadas las mayores batallas por la independencia llegó para Bolívar la hora de crear el futuro Estado que realizaría los grandes anhelos de los pueblos americanos. Se organizó entonces en Congreso de Angostura, el gran foro constitucional en donde las mejores voces independentistas perfilarían la primera constitución de la Gran Colombia. Para la inauguración del Congreso el Libertador preparó un discurso extraordinario cuyas palabras resuenan en nuestros días tanto como lo hicieron en el pasado. Comienza Bolívar reflexionando sobre el carácter único de los pueblos americanos en la historia humana y sobre todo el mundo de posibilidades abiertas a partir de la recién lograda independencia. Junto a las perspectivas de futuro, dice Don Simón, se presentan también peligros numerosos, el primero y peor de los cuales es la tiranía que se alimenta de la ignorancia, para ilustrar este punto aquí introduce su famosa frase: “un pueblo ignorante es el cómplice ciego de su propia destrucción”. Continúa el Libertador con un tono pedagógico explicando los significados últimos de ideas como la soberanía popular, el republicanismo y la democracia, ofreciendo un repaso del conocimiento político de la humanidad que serviría como amplia puerta de entrada a la Constitución colombiana de 1821.

La distancia que separa la grandeza decimonónica que acabó dándonos una Patria de la paupérrima inteligencia política actual, se hace patente cuando examinamos la reciente convocatoria inicial a una futura asamblea constituyente. Las cuatro líneas parcamente redactadas con las cuales se busca cambiar el destino del país constituyen en realidad un insulto, una bofetada de desprecio a la grandeza de nuestra historia y a la dignidad del pueblo ecuatoriano. Las justificaciones que se esgrimen para la necesidad urgente de una nueva constitución parecen el fruto de una orgía secreta entre la pereza, la indiferencia y la estupidez.

Las palabras importan, son la puerta del pensamiento. Con palabras se construyen civilizaciones. Cuando las palabras faltan, cuando son el fruto malamente obtenido de un árbol intelectual escuálido y sin abono poco se puede esperar de las esperanzas que convocan. De la misma manera nada podemos esperar de la nueva asamblea a la luz de los prospectos temibles que presuntamente la integrarían.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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