Luces en el cielo

Como en una celebración navideña hermosas luces de colores recorren los cielos del Medio Oriente. Compiten con los astros lejanos y les roban la milenaria exclusividad del firmamento nocturno mientras se dirigen veloces al blanco humano que unos hombres han calculado con sus poderosas máquinas y programas. En la tierra de su destino su brillo se acrecienta conforme se acercan a las moradas de seres humanos indefensos, convertidos por virtud del fanatismo, de la sed del poder y de un odio cultivado por siglos en simples objetivos militares. Las luces de la muerte cruzan en un sentido y en otro. Un intercambio feroz e incansable que es indiferente al dolor y a la destrucción.

Desde el país de los profetas milenarios en el sueño desvaído de lo que alguna vez quiso ser una república de personas libres e iguales erguida frente a todos los pueblos del mundo, un primer ministro acorralado por sus errores y por sus corruptelas aviva el fuego de la guerra con una mano, mientras con la otra lanza bombardeos interminables en contra de los niños famélicos que se acurrucan en el borde de la Franja de Gaza. En los momentos de ocio expide amenazas fulminantes, sonríe a las grandes potencias y recuerda a sus ciudadanos su versión demencial del destino escrito en las antiguas creencias.

En los territorios que alguna vez albergaron al Imperio Persa y en donde reyes ilustrados como Ciro y Darío llevaron la civilización hasta las fronteras de Europa, unos ayatolas delirantes, intérpretes erróneos del ideal de Mahoma, buscan subyugar el poder inmenso y terrible del átomo para la destrucción final de quienes amenazan sus creencias ciegas.

El mundo, mientras tanto, tiembla al ver el desfile de esas luces horrendas. ¿Y los grandes líderes del mundo? ¿Han desaparecido? ¿Callan? ¿Meditan? Tal vez solo esconden su pequeñez y su irrelevancia.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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