Saludar siempre a la persona de mayor edad; usar títulos formales como “don” , “doña”, “señor “, “señora “junto con el nombre o apellido; ofrecerle el asiento a una dama y a una persona mayor; no interrumpir cuando un mayor hablaba y escucharlo y con respeto; ceder siempre el paso por la izquierda al anciano y a las damas; abrir las puertas y facilitar el paso a las leyes mayores y las damas puedan pasar primero; no usar un lenguaje vulgar ni gestos ofensivos; honrar las deudas, etc.
Estas normas eran el reflejo de una cultura de antaño, misma que estuvo arraigada en el respeto y la valoración a las personas de la tercera edad y las damas.
Pero hoy… ¡Que diferencia! Todo ha cambiado: los niños, los jóvenes y ciertos adultos, reflejando una falta de consideración y cortesía las aplican estas medidas al revés y las irrespetan temerariamente.
¿Y cuáles son las causas? Son múltiples y complejas. Entre otras, la pérdida de valores en la educación familiar y la influencia negativa de ciertos medios de información y redes sociales.
¿Y cuáles son las consecuencias de estas actitudes? Rompen el vínculo de respeto intergeneracional y sobre todo y ante todo perjudican la imagen de una familia y una ciudad.
¿Qué se puede hacer? Aunque parezca repetitivo: solo, solo la educación profunda e integral y con valores que comienza en casa y se refuerce en la escuela, puede salvarnos de este mal. No existe otra alternativa posible.
Jaime Guzmán R.
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