En la actualidad, se valora la banalidad en lugar de la experiencia. Los estudios profesionales han perdido relevancia, mucha gente busca obtener solo un título sin preocuparse por adquirir conocimiento. Se da más importancia a la opinión de conocidos que a la de expertos, y se valora más las noticias falsas que los hechos verificables. Las noticias y sus fuentes han perdido relevancia y se ha convertido en periodista a cualquiera que tenga una consexion de internet.
En el ámbito político, la capacidad demostrada, el conocimiento, la ética y las buenas prácticas han dejado de ser prioritarios para elegir a un gobernante; en cambio, se valora más la popularidad, la apariencia física y la disposición para crear conflicto. Los científicos, por su parte, son vistos como fantasmas cuyas contribuciones se desprecian. Se presta más atención a lo que dice un “chamán” o a las teorías no comprobadas de quienes buscan ganar dinero.
En la era de los “influencers” (con algunas excepciones), estos, se consideran los nuevos profetas. Aunque muchos nos alegran con sus ocurrencias, consejos prácticos o bailes, también hay quienes solo muestran la decadencia de la sociedad.
Finalmente, si queremos emociones pasajeras y acciones superficiales, no debemos sorprendernos de los resultados. La sociedad se construye sobre pilares sólidos, con esfuerzo y tomando nuestro lugar de responsabilidad. Valoremos lo importante y construyamos algo mejor.
Santiago Ochoa Moreno
wsochoa@utpl.edu.ec