Hasta hoy, se puede colegir que el Gobierno de Daniel Noboa está fracasando en el combate a la inseguridad.
Ni el pronunciamiento de la consulta popular ni los decretos de estado de excepción, que han permitido la presencia de las Fuerzas Armadas en las calles para el control de la delincuencia, han sido suficientes para contrarrestar la delincuencia y el crimen organizado.
Una encuesta realizada por el Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado (OECO), a 458 empresarios de varios sectores económicos, reveló que al menos tres de cada diez negocios han sufrido de extorsiones o “vacunas” en el último año. Las más afectadas son las pequeñas empresas, a quienes los vacunadores han visitado, por lo menos dos veces por año. A esto hay que sumarle el temor que infunden las bandas delincuenciales en los dueños de los negocios y sus empleados, y esa es la razón por la cual no hay denuncia. En 2023, se reportaron 21.811 denuncias de extorsión.
Varias ciudades del país siguen consideradas como las más peligrosas, y una de ellas es Durán. Hasta el 7 de mayo de 2024, se registraron 177 muertes violentas, frente a las 44 víctimas registradas en el mismo periodo de 2023, hay un incremento de 302% de criminalidad.
En esta misma línea, en las diversas ciudades de la costa ecuatoriana, hay un crecimiento poblacional y de marginalidad, sin atención a las necesidades más elementales de vida, por lo que las pandillas y grupos narco delincuenciales encuentran fácilmente seguidores entre los jóvenes más pobres. El Plan Fénix es un fracaso.
Noboa piensa en su reelección con mentiras, no cumple sus ofertas de campaña, no hay empleo, no hay medicinas en los hospitales, siguen bachilleres sin acceso a las universidades, recorta el presupuesto social, cumple con las imposiciones del FMI y por ello eleva el IVA, el precio de los combustibles y reprime a los defensores de la naturaleza que se oponen a la minería a cielo abierto.
Remo Cornejo Luque
cornejoremo75@gmail.com