La resurrección de Cristo es la respuesta a esta y a todas las preguntas que nos constituyen como humanos y que están inscritas, de manera indeleble en la esencia de la existencia humana.
Si solo sabemos que Cristo muere y resucita al tercer día, habremos convertido este acontecimiento en un dato de la historia o simplemente en una historia como tantas historias fantásticas en donde se pone en escena, se dramatiza una muerte cruel que inspira lástima, una resurrección espectacular que produce en el público un bienestar pasajero por” final feliz”
La muerte y la resurrección de Cristo, tiene su verdadero sentido si nos situamos en el significado del misterio pascual. Si esta muerte y resurrección marca una huella definitiva, vital, que nos compromete, en donde triunfa la vida, la verdad, la justica el amor y ya no somos esclavos de la muerte, de la mentira, de lo injusto, del desamor.
La Pascua de Resurrección es posible cuando hacemos posible el compromiso de construir un mundo nuevo; cuando recordamos la gloriosa resurrección de Cristo en fraternidad humana; cuando comulgamos el “pan de los ángeles”, poniendo en común “nuestro pan de cada día”. Entonces, solo entonces, Cristo dejará de seguir muriendo en tantos hombres y mujeres que, como Él, tienen “hambre y sed de justicia” y que, son perseguidos, maltratados y asesinados.
Oremos para que el amor someta al odio, la libertad a la esclavitud, el sufrimiento esté lleno de valor, para que el mal acabe sucumbiendo ante el bien. Solo así se hará el milagro y Cristo resucitará en cada uno de nosotros, en cada pueblo que lucha por un mundo fraterno.
Zoila Isabel Loyola Román
ziloyola@utpl.edu.