Cuando hago análisis político siempre intento dar datos y conceptos; datos para dimensionar y conceptos para interpretar. Sin embargo, me he dado cuenta que la gente casi no presta atención a los conceptos. Es como que sólo los datos tienen algo que decir, y la teoría política o la filosofía política es algo sólo de académicos. Quizá se piense que frente a las urgencias del país ponernos a pensar en cosas como qué es la democracia carece de sentido, es como rascarse donde no pica.
El problema de este pensamiento es que ignora que toda persona tiene una visión de mundo, la cual determina qué entendemos por cuestiones como justicia o libertad. La cosa es: si somos o no conscientes de esas ideas que tenemos y la construcción lógica detrás. No ser conscientes nos impide cuestionarnos la realidad que habitamos y ejercer la libertad de pensamiento. Esta libertad es sustancial porque de nada sirve tener derecho a expresarnos o actuar si lo que decimos o hacemos no es fruto de una reflexión propia, sino de ideas ajenas que asumimos como propias.
El debate político es más ataque que propuesta y parece que ha perdido su razón de ser: argumentar en favor de un progreso. Y la pobreza del debate político es un espejo de una política del show incapaz de dar soluciones viables y duraderas a los problemas que vivimos.
Entonces, rascarse donde no pica es un acto de liberación en un mundo que tiene las mentes anestesiadas por la costumbre y la polarización. Y habrá que seguir rascando hasta volver a sentir la empatía y la pregunta.
Fernando Cortés Vivanco
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