
Una sociedad que se alegra porque los militares le someten a un niño, no es una sociedad, es una horda. Una sociedad que disfruta cuando los militares le hacen llorar a un niño para que borre sus tatuajes, no es civilizada, es una sociedad morbosa e inhumana. Una sociedad que no comprende que si un niño está cercano al mundo delincuencial no es porque quiera sino porque su entorno no le protegió, porque la sociedad le abandonó y porque el estado no hizo aquello que debió hacer, protegerle, aún no ha entendido la magnitud del problema que tenemos.
Una sociedad que aplaude el deber cumplido por las Fuerzas Armadas bajo la ley pero que aplaude el abuso de algunos miembros de la misma, es una sociedad que no aprendió de su historia, y sobre todo del abuso del poder. Sí, se necesitan medidas fuertes como muchas de las que se ejecutan y debemos apoyar, así como debemos pensar que eso tan solo es contención y no soluciona el problema del fondo, la desigualdad. Sí, necesitamos el control de todos aquellos grupos que nos han quitado paz y libertad, pero cuidado que con ese pretexto seamos lo mismo que combatimos, inhumanidad.
Que la fuerza no sea jamás violencia, es decir, debemos ser contundentes contra la delincuencia, pero sin perder la perspectiva y correr el riesgo de reproducir el problema. Que la humillación no se jamás el mensaje, es decir, debemos hacer cumplir la norma y el estado de derecho, pero no reducir a la nada a un ser humano. El ejemplo de lo que queremos ser como sociedad debe ser el mensaje, más no el enfrentar el miedo con otro miedo impuesto por el orden social.
Cuando vean este tipo de acciones luchemos con la parte primitiva y visceral que todos tenemos, e intentemos ser racionales, así tal vez en el futuro y para el futuro no demos vergüenza y sí orgullo.
Pablo Ruiz Aguirre
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