A partir del año 2007, se dio paso a un proceso de movilidad humana que concentró a la mayoría de la población mundial en las ciudades, si bien fue algo bueno, el crecimiento demográfico fue inesperado y derivó en una mala planificación urbana pues supuso la aplicación de políticas resilientes para solventar servicios básicos a estos nuevos asentamientos humanos Las ciudades, en ese contexto, pasaron a ser proveedoras, tejidos viales con favoritismo vehicular y plaza dura. Rezagando la vida, flora y fauna. Entendiendo que habría básicos que considerar, servicios que dar y comercios que favorecer.
Las ciudades ya no pueden replantearse desde su creación más básica, pero sin duda podrán proyectarse. La calidad dependerá de la aplicación temprana de aquellas corrientes de pensamiento innovadoras y sostenibles. Diseñar ciudades empezará a ser un reto de la modernidad, pensando en modelos más sostenibles que posibiliten el acceso a servicios, reduzcan brechas de pobreza y seguridad todo esto a bajo costo.
La política pública en países subdesarrollados carece de mínimos en muchas áreas. En la arquitectura, por ejemplo, la cual por desconocimiento de su alcance ha sido rezagada al apartado constructivo funcional. Encontremos en el urbanismo, la solución a esto. Tomemos el estudio de campo de ser el caso, como herramienta complementaria y empecemos a entender la ergonomía social. Creando así un modelo replicable entre ciudades, que contemplen al peatón como la unidad de medida básica de la calidad de sus diseños.
Hagamos ciudades seguras, donde podamos caminar tras salir de nuestros bares favoritos, fáciles de transitar, sin ruido vehicular, con buena calidad de aire. Hagamos ciudades pensadas a escala humana.
Darío Xavier Alejandro Ruiz