‘AdiGto’ o ‘corruGto’

Sí, lo sé, está mal escrito, pero ustedes me entienden.

Una de las innumerables plagas que afectan en esta apacible ciudad de Loja es un aparatito inofensivo a simple vista, dicen algunos entendidos que produce radiación irritando a la vista, otros que mata el cerebro y la voluntad, para mí, los transforma en muertos vivientes.  Desde luego no me refiero a los honorables que cruzados con la muerte resucitaron para volver al sacrosanto recinto de los predestinados, claro está, pálidos, sonreídos, aunque “shiros”. Desde luego ellos dicen que no, que es la voluntad de trabajar por los desposeídos el milagro de la resurrección.

Estos aparatos deberían venir con un radar o con un claxon como los que tienen los camiones grandes para evitar rozamientos al andar por las apacibles veredas de nuestra pequeñita ciudad.

Hacerlo se vuelve tormentoso por la gran cantidad de usuarios cabizbajos, perdidos en las redes del chisme y del mamotreto de la irrealidad. Algunos como que ríen, otros en seriedad absoluta y no faltan los que parecen asustados. Si usted no camina con cuidado se toca cuerpo a cuerpo y si los esquiva botándose a la calle, tiene que hacer ese “olé” de los toreros frente a la arremetida de los autos fantasmas. Muchísimos adoran a esta nueva deidad: autoridades civiles, militares, policiales, de tránsito envueltos en este mal hábito.

Loja es una ciudad tranquila, no hay nada que temer. Pero cuídese si ve un conductor conversando o chateando.

¿Son adictos o corruptos? ¡Despierte!, es hora de gritar, de reclamar.

Jaime Vinicio Meneses Aguirre

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