
En las postrimerías del siglo XVIII, Eugenio Espejo, con sus excitativas patrióticas, sembró en los quiteños los anhelos de libertad. Sus mensajes calaron en sus próceres que el 10 de agosto de 1809, con su primer grito de independencia hicieron de Quito “Luz de América”, aunque sus voces se pausaron con la terrible matanza del 2 de agosto de 1810, cuando se pensaba dar el golpe definitivo.
Pasaron once años de los hechos que estamos relatando y la ciudad de Guayaquil, el 9 de octubre de 1820, despertó con un cielo azul profundo mientras varias estrellas honraban su bandera. La hermosa Perla del Pacífico había roto las cadenas de la dependencia hacia los peninsulares. Se destacaron en esta gesta libertaria, patriotas de gran connotación como José de Antepara, José Joaquín Olmedo, José de Villamil, León de Febres-Cordero, Miguel de Letamendi y Luis Urdaneta, quienes con otros ilustres guayaquileños, al amanecer del nueve de octubre, al grito de ¡Viva la libertad!, declararon la independencia de la ciudad porteña, firmando ese mismo día el acta que certificaba el nacimiento de Guayaquil libre.
Los primeros días de noviembre se nombraron a las primeras autoridades de la provincia libre de Guayaquil. Olmedo fue designado como presidente, acompañado por Rafael Jimena y Francisco Roca, quienes estarían en el poder hasta julio de 1823 cuando, de manera pacífica, entregaron su mandato a Simón Bolívar que la integraría a la Gran Colombia, hasta el año 1830 cuando se disolvió ese sueño de Bolívar de formar un gran país, con los pueblos por él liberados.
Han pasado desde entonces 203 años y la ciudad puerto, sus hijos la han convertido en un ejemplo de civismo y trabajo, al punto de ser calificada como Perla del Pacífico, por su belleza, por sus habitantes visionarios y laboriosos que se enorgullecen de sus maravillas y riquezas. Sin embargo, si bien Guayaquil alcanzó su independencia de la sumisión hacia los hispanos, en los actuales momentos, libra otra guerra más cruel: la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado que tienen sumidos a sus habitantes en el terror y la desesperanza. Queremos una Guayaquil libre, hermosa y hospitalaria como siempre ha sido.
Darío Granda Astudillo
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