
La democracia está en peligro. No existe en la historia ecuatoriana ningún otro caso similar al de Fernando Villavicencio; es decir, que un candidato presidencial haya sido asesinado por sicarios al servicio del crimen organizado transnacional, que ha llegado, con sus tentáculos, a minar la estructura del Estado ecuatoriano y las organizaciones políticas.
El asesinato de Fernando Villavicencio es una irreparable pérdida para el Ecuador; pues, en su condición de periodista y político demostró ser un hombre valiente, valioso, demócrata y temerario acusador de los grupos mafiosos, que amenazan nuestra democracia y el derecho que tenemos los ciudadanos a vivir en un ambiente de paz y seguridad.
Construir una sociedad democrática; respetuosa de las libertades y de los derechos humanos; con paz, seguridad, equidad social y desarrollo sostenible, no es una tarea fácil. Requiere de la voluntad de los ciudadanos y de su activa participación en la vida pública y en la designación de las autoridades políticas que nos representan. Lo peor que nos puede pasar es convertirnos en una sociedad timorata, que se esconda, que se calle y no luche por su futuro. Falta mucho por hacer. Por ahora, nuestra venganza personal, por el crimen de Fernando Villavicencio y en contra de quienes desestabilizan nuestra democracia, será votar masivamente en las elecciones presidenciales y legislativas del próximo domingo 20 de agosto.
Gustavo Ortiz Hidalgo
gortizhidalgo@yahoo.com