
Fue Hegel quien sugirió la idea de la sociedad civil, de una sociedad de personas que, sin relación con los poderes estatales o con los poderes económicos pudiera servir como elemento aglutinador de las mejores características humanas y ciudadanas. La sociedad civil sirve entonces como justo contrapeso cultural del gobierno y de la empresa ayudando a establecer los sentidos y las metas sociales. Y así, entendemos que la sociedad civil existe porque existe el Estado. A partir de este hecho evidente podemos pensar que muchos de los valores que sostienen a un pueblo y que eventualmente moldean su conducta tienen su origen en las diversas formas de expresión de la sociedad civil.
Se ha repetido hasta el cansancio, desde luego con toda razón, que la crisis que afecta al Ecuador de hoy es una crisis de valores y que, en el fondo de la inseguridad ciudadana, del auge del narcotráfico, de los interminables delitos que todos los días se comenten y de la infaltable corrupción, se encuentra esa escuálida reserva de valores con la cual tiene que apañarse la sociedad ecuatoriana. Los valores, entonces, tienen una utilidad práctica en el ejercicio de la política y del manejo del Estado. Por esto da gusto saber que una parte de la sociedad civil se ha organizado como una corporación llamada “Mesa Nacional de Educación en Valores” con el propósito de generar las redes necesarias para fomentar la formación en este ámbito. Esta organización, que tiene ya una trayectoria importante, agrupa a personas de buena voluntad de todo el país y en su seno se piensa, se dialoga y se actúa en diversos ejes relacionados con el impulso incansable de los mejores valores humanos. Una iniciativa como esta, ciertamente, ofrece un nuevo aire de confianza en el futuro del Ecuador.
Carlos García Torres
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