
Nuestro Ecuador, nuestro país del alma, dueño de una historia en la que se han destacado hombres y mujeres valientes y decididos que han forjado un Estado de nombradía en el consenso internacional. Este país de territorio pequeñito, pero enorme por sus proezas cívicas, culturales y deportivas que a todos nos enorgullecen. Este país, tan amado por sus bellezas naturales en sus cuatro regiones, con paisajes que nos llevan al éxtasis, con una riqueza de fauna y flora solo nuestras, con una abundante producción agrícola, ganadera y minera que enriquecen las arcas nacionales. Este país poblado por habitantes buenos, cultos, generosos y hospitalarios…se está derrumbando.
Hasta hace poco, fuera de nuestras fronteras, Ecuador era considerado como una isla de paz, en medio de dos países: Colombia y Perú que con sus guerrillas M19 y Sendero Luminoso, se desangraban con crueldad…y no nos dejamos contaminar. Nuestro país era el lugar preferido para que miles de turistas lo visiten por nuestros encantos naturales y la calidez de su gente; ¿qué nos ha pasado, entonces? porque de un tiempo a esta parte este paraíso pequeñito e incomparable se ha convertido en un verdadero infierno, al punto que desde varias naciones del mundo recomiendan a sus habitantes no visitarlo por el riesgo que corren sus vidas.
Bandas delincuenciales como los “Lobos”, “Lagartos”, “Tiguerones”, “Choneros”, “Latin king”, “Chonekilers”, “Jalisco nueva generación” “Tren de Aragua”, etc., han marcado su territorio en diferentes ciudades del país atentando contra la tranquilidad y armonía que imperaba en nuestra isla de paz, cometiendo todo tipo de actos criminales, que, posiblemente, se genera por el afán de comercialización interna y externa de la droga…y parece que el Gobierno ya no puede más. El asesinato de Ríder Sánchez, candidato a Asambleísta, de Agustín Intriago, alcalde de Manta junto a una deportista, la masacre en la Penitenciaría con 31 muertos, los crímenes que a diario se cometen en Durán, Guayaquil y otras ciudades del litoral, son los últimos acontecimientos que obligaron a tomar nuevas medidas al régimen, mientras miles de estudiantes no pueden asistir a clases por temor a la delincuencia… ¿podrá algún candidato a Presidente detener esta ola de criminalidad? Sólo el tiempo lo dirá.
Darío Granda Astudillo
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