¡¡Es mi vida!!

Días atrás, mientras realizaba algún ejercicio alrededor del estadio Reina del Cisne, para mantener una buena salud observé, delante de mí, a dos niños que, por lo ataviados que iban, se dirigían a uno de los tantos cursos vacacionales, en la disciplina de fútbol. No deben tener más de seis años. En un principio conversaban de forma cordial; de pronto, algo debió alterarlos de manera que, uno de ellos, alzando su timbre de voz, aún infantil, le dijo a su amigo: ¡es mi vida! Con mayor enojo, porque su compañero insistía en alguna aseveración que le disgustaba, reiteró: ¡¡¡Es mi vida!!!

Luego del incidente que me causó hilaridad por sus actores, me puse a reflexionar: estos pequeños, a tan corta edad ya hablan de “su vida”, no en términos de autonomía, porque quizá no saben lo que eso significa, pero sí en pertenencia, en amor propio y, sobre todo, en dignidad que les hace defender lo que piensan, aunque con argumentos infantiles que, con el correr del tiempo, les llevará a actuar con sensatez y a saber defender sus pensamientos o ideologías, con verdaderos elementos de convicción.

Lo importante, para los padres y educadores, es saber cómo estamos formando a los hijos y estudiantes para que, respetando normas, principios y convencionalismos, que son necesarios para procurar una sana armonía vivencial, puedan forjar sus propios criterios, sustentados en valores sociales y morales que direccionen la vida de cada persona y, puedan decir, frente a situaciones externas que quieran distorsionar sus principios, con una sólida y convincente afirmación de ¡”es mi vida”!, exigiendo que se respete su identidad personal. Obvio, esto de que “es mi vida”, no se debe confundir como un abrir la puerta para hacer lo que les venga en gana “porque es mi vida”, procurando una libertad que, salida de control se puede convertir en libertinaje que no conduce a nada positivo. Mientras digamos “es mi vida” para expresiones y conductas positivas, estará muy bien, porque estará asumiendo todo y ante todos con un alto sentido de responsabilidad. La autonomía bien direccionada fortalece la personalidad del ser humano.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com

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