De Praga a Barcelona

Como pasar de una dulce levedad y las dudas existenciales de un checoslovaco, hacia un trágico amor catalán cuyo eco se proyectó a través del tiempo y la razón. O de los destinos inconclusos de miles de españoles en la Postguerra, a los tiempos libertarios condenados por la barbarie de la Primavera de Praga.

Solo a través de la perspectiva literaria, hoy se apaga una visión novelística que se fundamentó en realidades y concepciones filosóficas, históricas y hasta anecdóticas, que seguramente calaron en generaciones que ascendieron con estas.

Es el legado de Milan Kundera, más allá de los finales no deseados, es la proyección de que la vida no es solo vivirla sino trascender, y comprender que una decisión por simple que sea, determina el camino que no ha de volverse a transitar, porque el eterno retorno solo es un anhelo, entre las infinitas posibilidades que no han de saberse.

Pensarse “ligero” aparentemente es el ideal, tener libertad, independencia, autonomía, nos genera una sensación de poder absoluto; pero en la profunda transición de joven a viejo, la levedad se torna insoportable y al contrario te das cuenta que mientras más pesada sea la carga, más real y verdadera es tu vida, pues permanece a ras del suelo.

Pero que sería de la vida compleja y terrenal sin una perspectiva nostálgica de recuerdo y causalidad. Entonces referencio lo que en su momento escribió hacia la eternidad Carlos Ruiz Zafón, y es que si bien el tiempo no existe como materia, porque la necedad de perderlo en cosas insustanciales. Entonces se entiende que no se trata de cambiar el mundo, lo realmente complicado es que el mundo no te cambie a ti. “Cada libro tiene 2 almas, la de quien lo escribió, y la de quien lo leyó y vivió con él”.

Jorge Ochoa Astudillo

jorge8astudillo@gmail.com

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