
Hace pocos días, el Ministerio de Turismo, tras valorar atractivos naturales, infraestructura y características propias del lugar que definen a Vilcabamba como el valle de la longevidad, esta parroquia fue reconocida oficialmente como un rincón mágico de Ecuador.
Sin duda, esta declaratoria resulta importante al abrir un espacio para dinamizar sus atributos tanto a nivel nacional como internacional. Lo que se espera, en lo sustantivo, es convertir a este encantador lugar es un importante destino de turistas que permita consolidar a esa industria sin chimenea que mueva y haga crecer la economía local.
Pero para alcanzar ese objetivo debemos ir más allá del simple acto protocolario y comprometer la efectiva participación de las autoridades nacionales y seccionales, así como de la empresa privada y de la propia comunidad, todos quienes, desde sus respectivos ámbitos de acción, deben jugar un rol determinante en el cuidado de su entorno y riqueza cultural (tradiciones) que, precisamente, hacen posible que su gente pueda vivir –con salud- más allá de los promedios que se fijan en las tablas de esperanza de vida de la población. No cabe afectar, por lo tanto, las condiciones medio-ambientales de ese sector que tiene su propio encanto y maravillas, muchas aún por descubrir y hasta entender en su real dimensión.
Asimismo, hay que trabajar en temas de seguridad, devolviéndole la tranquilidad a esta parroquia, así como mejorar sus servicios básicos, con calles y vías de conexión expeditas. Vilcabamba, al igual que sucede con la ciudad de Cuenca, tiene todo el potencial para seguir atrayendo no sólo a jubilados de todo el mundo, sino para convertir al turismo en su principal fuente de desarrollo.
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion