
El fin de semana pasado, leí una carta que me envió un lector que me pedía que denuncie ciertos actos de un funcionario público de nuestra provincia.
Me impresiono el odio y el rencor que derramaba en cada una de sus palabras y el vocabulario soez que usaba. No se leía otra cosa que la antipatía, la enemistad, las suspensiones sin fundamento que envenenan el alma y el deseo de destruir- a como dé lugar- al denunciado.
Mientras escribo aquí, entre las sombras de un faique, bajo el cielo azul de Malacatos, reflexione, con asombro, como se ha incrementado la miseria humana de lesionar la dignidad y el honor de nuestros semejantes.
Y este fenómeno para colmo de los males, se ha desarrollado con el uso de las nuevas redes sociales.
Hoy el desafío es empezar de nuevo y trabajar y trabajar con prisa, con más inteligencia, con conciencia, tocando el corazón de los demás y con menos egoísmo, en procura de incorporar planas de capacitación a los docentes para que en forma transversal y con el ejemplo, enseñen a sus alumnos a ser personas pacíficas, inclusivas, justas, que sepan perdonar, amar al prójimo vivir en armonía y practiquen la verdad con decencia.
Ojalá que las palabras vertidas en este comentario, consiga que los seres humanos se desvistan de afán malvado de destruirnos entre sí. No lamentarías entonces el esfuerzo que hemos hecho por intentar ganar el ajedrez a la inmoralidad.
Jaime A. Guzmán R.
jaimeantonio07@hotmail.es