En nuestra sociedad actual a menudo se premia la arrogancia, el egoísmo y la falta de consideración hacia los demás; sin embargo, quienes practican la humildad que es la capacidad de reconocer nuestras limitaciones, errores conjuntamente con la necesidad de aprender de los demás; virtud que suele confundirse con la falta de confianza o debilidad, pero que en realidad es muestra de fortaleza y madurez emocional.
Un padre le dijo a su hijo en tu vida no tienes que renunciar a tres cosas: comer la mejor comida, dormir en la mejor cama y vivir en la mejor casa. El hijo dijo, pero si somos muy pobres padre ¿como puedo hacer eso entonces?… el hombre sabio le respondió, si solo comes cuando tienes hambre, lo que comes será la mejor comida, si trabajas y duermes cansado, tu cama será la mejor cama y si tratas a las personas con bondad, vivirás en sus corazones, que es el mejor de los hogares.
Al reconocer que no lo sabemos todo o no lo tenemos todo, estamos abiertos a nuevas perspectivas y formas de hacer las cosas, proporcionarnos mayor creatividad e innovación para aplicar en el lugar de trabajo y conseguir mayor colaboración y si a esta virtud la combinamos con la honestidad, que es la capacidad de ser sincero con uno mismo y los demás, seremos personas dignas de confianza y respeto… ¡Qué bonito!
“La humildad es realeza sin corona”
Talía Guerrero Aguirre
talia.guerreroa@hotmail.com