Al uno le llaman envidia y está en bancarrota electorera, al otro ponchito dorado y tiene harto billuso verde americano, al tercero que cree que en la repetición está el gusto y que sus borriquitos pueden multiplicarse porque el banquero los tiene en la miseria le llaman robabá.
Mientras tanto mantener la tremenda corte, cuesta caro, duran mucho y ya están pasados de moda, pero igual con puestitos apetecidos. El circo nacional causa asombro por sus sabios consejos y su piadoso analfabetismo. El pueblo ‘pata llucha’, los uniformados desarmados, los indios estafados por sus propios ponchos y el país, a la deriva, encerrados en la cárcel del miedo a la narcopolítica, al narcocrimen.
Las ONG que pelean derechos de los peleones, traficantes, gente de bajo mundo y políticos corruptos, son los únicos que cantan victoria sobre los derechos de los que queremos un país ordenado, libre de toda atadura amarilla o verde y seguro para vivir.
¿Y los entes garantes de la democracia? Ellos son antigüedades con Alzheimer en el derecho que, para salir del mal paso, se inventan cuentitos de hadas para ciudadanos dormidos en los laureles del patriotismo heroico del pasado y con la burundanga presente de unos cuantos charlatanes de ilusiones.
Entre los tres patines, la tremenda corte, algunas nananinas y tras la cortina de humo, se incendia el país que un día fue entregado al Corazón de Jesús.
Despierte, no para volverse a dormir sino para reclamar.
Jaime Vinicio Meneses Aguirre