Sí, por una parte el contexto político encarnizado entre La Asamblea con 137 personajes sin propuestas en beneficio del pueblo ecuatoriano, el Representante de la CONAIE, que busca protagonismo con una interpretación antojadiza de cómo gobernar bajo un pensamiento mariategista de la confrontación en el Ecuador y el Gobierno de Lasso con muchos desatinos, si bien rescatable lo de la vacunación, pero ¡hasta allí nomás!, con problemas estructurales en crecimiento como la inseguridad, el desempleo y la corrupción, esta última como posible causa de su destitución. Mientras muerden polvo en la contienda los mentados, se olvidan del contexto económico, con un escenario desolador de seguir así, porque la balanza comercial sigue siendo deficitaria y dependiente del oro negro, sin margen de acción para una matriz productiva que fomente la producción. Y es que lo político repercute en el PIB compuesto por el consumo, inversión, gasto y exportaciones – importaciones, teniendo como resultado en el mercado de factores una decrecimiento de la inversión y con ello una menor demanda de mano de obra, creciendo el desempleo y subempleo, desencadenando la falta de ingresos en las familias y provocando que el mercado de bienes y servicios ecuatoriano tenga menor circulante y menor intercambio, sumado a lo expuesto está un mercado financiero con tasas de interés elevadas para préstamos dirigidos a la producción, limitando el emprendimiento. Lo expuesto nos catapulta a un posible riesgo país en zona roja, de aquí que, a falta de casi todo, la emigración es una válvula de escape para los ecuatorianos con una estadística preocupante (aprox. 29000 en el 2022). El divorcio entre lo político y económico es evidente, actúan para tal fin nuestros representantes sin tapujo alguno, por lo que sin evitar vacilaciones diría que oscuros nubarrones se avizoran, por lo pronto toca seguir con la lucha por supervivir.
Paul Cueva Luzuriaga
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