El silencio. ¿quéeee compadre? El silencio electoral, digo. ¡Ah! Disculpará nomás, ando con los oídos necios, diré, inflamados de tantas maravillas que se oyeron de los futuros salvadores de la patria. En la radio, en la televisión, en eso que llaman Tik Tok se vieron y escucharon como si fueran niños jugando al sin que te roce, bailando, cantando como si esto fuera el show de Yo soy el mejor. Toditos, qué sacrificados, qué sabelotodo, qué facilitosos, qué amigables; fígese que hasta muchitas daban a todos los que se cruzaban frente a su iluminada figura. Digo yo, no será algún virus que envió el robolucionario, el peachedé , ese que quiso vivir doscientos años a costilla de todos los aburundangados que quedamos en este paraíso de todoesposible.
Y hablando del silencio electoral. ¿No hubiera sido mejor un mes de silencio y tres días de campaña? A lo mejor así, ya no había tantas baratijas ni verborreas mañana tarde y noche.
Qué cantidad de malabaristas, aprendices con varita mágica pero que poca calidad. Claro que hubieron excepciones, pero mayoría gana, así dicen en democracia.
Cogí miedo a esos tres días de silencio, trés días de reflexión. En mi poca paciencia, medité, no pude los tres días, qué cantidad de malos pensamientos compadrito y cuando llegó el peor de todos se acabó mi retiro. Qué deseos locos de convertirme en candidato, a cualquier dignidad, aspirante para las próximas elecciones.
Mi compadre se rió.
Jaime Vinicio Meneses Aguirre