Colorín colorado…

Había una vez, en un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme, un cacique que tenía una gran hacienda. Un buen día, se percató de que los pastores de sus ovejas no se comportaban como él quería y decidió él mismo convertirse en pastor.

Todos los días salía a pastorear y llevaba a sus ovejas por donde quería, como quería y cuando quería. Entonces, unos pastores que estaban cerca se enfadaron porque les estaba quitando su trabajo. ¡El dueño no puede ser el pastor!

Estos pastores, empezaron a convencer a las ovejas del cacique de que no le hicieran caso y que les contasen los trapos sucios de su amo. Las ovejas, firmemente convencidas de su nueva misión, contaron todo lo que sabían a los otros pastores.

Resultó que el cacique tenía cola de paja y se vio envuelto en un gran escándalo. Éste, asustado, empezó a balbucear intentando inútilmente la situación. Convocó a todos los pastores y rebaños del pueblo y terminó diciendo que la culpa era de las ovejas.

“¡Todo son mentiras!” Decía el cacique. “Es difícil pastorear estas ovejas. Yo soy el que va a cuidar de todas, mi pastoreo es totalmente honesto y sincero.” Concluyó el cacique sin darse cuenta que estaba inmerso en el cuento de Pedro y el lobo.

La pregunta ahora es, ¿qué harán las ovejas? Se pondrán a disposición de otro pastor o lucharán por ser libres y construir un pueblo mejor en el que poder pastar libremente por sus verdes praderas.

Esta oveja que escribe, nunca siguió al rebaño, porque ni el pastor ni el amo eran gente de fiar.

Victoriano Suárez Álvarez

victorianobenigno@gmail.com

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