Mientras la credibilidad del gobierno se cae a pedazos, y en otros tiempos o con una justicia más equitativa, ya se estuviera juzgado por influjo psíquico (no estoy defendiendo a nadie), a sociedad sigue en un estado de inercia y complejidad.
Aunque sea difícil de aceptar, el “no” ganó en la consulta, no porque se entendió que muchas preguntas estaban trucadas. Tampoco porque casi el 60% de la población sea correista, ganó el “no” porque la imagen del gobierno está venida a menos.
Los problemas de corrupción, que, aunque a veces la sociedad utiliza para tapar la corrupción de otros, sigue presente en todos los ámbitos de la sociedad. Y mientras una parte de la población obnubilada por colores, y el deseo de pertenecer a una clase adinerada (ni siquiera intelectual) sigue a la defensa de un gobierno; la situación económica y social, sigue empeorando. La violencia no para y se extiende por el país, los problemas de la salud y seguridad social incrementan y a más de los posibles casos de corrupción, continua el mal manejo económico, entre otros.
Después de la consulta popular, la situación del país no mejora, ojalá entendamos, que el bienestar del país no depende del color de zapatos que usemos, sino de que nos pintemos de amarillo azul y rojo el corazón y la cabeza, y actuemos en función de lo correcto. No nos queda más, desde el lugar que nos encontremos, hacer lo mejor que podamos en función del beneficio de la comunidad.
Santiago Ochoa
wsochoa@utpl.edu.ec