Democracia delegativa

Cada 4 años vuelve la feria de discursos, la bronca en redes, el “sorpresivo” aumento de inauguración de obras, los regalos y la farra. El escenario donde los “salvadores” de la ciudad y provincia presentan sus recetas “mágicas” y nos volvemos a comer el mismo cuento con diferente portada. Luego, las aguas se calman y volvemos a quejarnos de que roban, no hacen nada, irrespetan las instituciones, etc. Sin darnos cuenta, de que lo uno reproduce lo otro. El problema está anclado a nuestro tipo de democracia, una democracia delegativa.

La democracia delegativa, según O’Donnell, tiene características particulares. Debilita a las instituciones con clientelismo, patrimonialismo y corrupción. Es mayoritaria, pero no pluralista. No responde a un sistema de partidos, sino a personalismos paternalistas. Y su núcleo es dar un rol pasivo a la ciudadanía, instalando sus discursos de forma individualista y emocional.

De esta manera, nuestra democracia se ha vaciado de sentido. Por eso, vale preguntarnos: ¿de qué sirve un voto, si este no es consciente? ¿de qué sirven las elecciones, si no cambia la forma de hacer política? ¿de qué sirve la indignación sin acción? Si queremos una mejor democracia hay que ir a la raíz; pasar de ser una ciudadanía pasiva a una ciudadanía activa. Los procesos históricos nos demuestran que la realidad es transformable. Pero no es posible una política diferente con gente indiferente.

Fernando Cortés Vivanco

fernandocortes.fjcv@gmail.com

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