En pocos días los ecuatorianos acudirán a sufragar para elegir autoridades locales, sus decisiones se tomarán sobre la base de propuestas y preferencias, que se espera sean fruto de acceder a información suficiente de candidatos y planes de trabajo.
Una forma directa de llegar a los electores es la publicidad, como se ve en varios sitios, sin embargo, parece que hay exiguo tiempo para establecer espacios de comunicación.
Entre publicidad y comunicación hay diferencias, una de las relevantes es el diálogo, escucharse entre las partes y llegar a acuerdos. Una auténtica comunicación política es una ausencia frecuente en la cultura del país.
A través de la publicidad se trata de mostrar lo positivo de los candidatos y, pese a que en muchos casos se exponen los puntos claves de las acciones a ejecutar, queda la incógnita si acaso existió participación de la comunidad en la priorización de las ofertas.
Algunas compañas políticas se manejan como estrategias comerciales, crean necesidades para atrapar a los “clientes” electores con promesas de ventas. ¿En estos escaparates publicitarios los ciudadanos encuentran aquella administración pública que realmente necesitan para mejorar sus vidas?
La comunicación es diálogo, conectar a interlocutores, identificar consensos y respetar las diferencias con el propósito de cooperar en beneficio mutuo, es además una vía para cumplir con el derecho a la libertad de expresión, por lo que requiere de métodos, lugares, medios de encuentro para formar una opinión pública con la mayor participación posible.
Resulta escasa la promoción electoral para procesos sostenidos de comunicación, quedan expectativas para que los partidos y movimientos políticos sigan conectándose con las personas a través de los medios de comunicación y así acrecentar la formación cívica.
Abel Suing
abelsuing@gmail.com