Paradojas (anti)democráticas

Los tiempos electorales suelen reflejar los valores de la vida común. La urgencia y la brevedad de las campañas obligan a que las estratagemas aceleren, suben de intensidad, y combatan casa adentro y casa afuera. La debilidad de los partidos políticos, cuya función ha sido prostituida, se presta para que las luchas fratricidas empiezan a convertirse en frecuentes. En un mundo donde la competencia es la piedra sobre la que se levantan las carreras profesionales y de vida, y en las que encuentra asiento la perversa búsqueda del éxito, se resume en aquel adagio de que cada quien lleva agua a su molino.

Hay una creciente incapacidad para cerrar grandes acuerdos colectivos, y la consulta popular es una clara muestra de la fragmentación y polarización que se cantaba hace algunos años, y que hoy es mucho más que eso: minorías combatiendo y minorías buscando el favor de las grandes mayorías. La anulación de los otros hace que las razones individuales y de los pequeños feudos busquen batidores de palmas, voces de coro, adláteres ciegos, sordos y mudos. Es una campaña artificial, donde se cuelan verdaderas y falsas demostraciones de capacidad, experiencia, formación y respaldo. La gente de a pie, hastiada como está, seguirá confundida en el mar de informaciones que se convierte en incapaz de procesar.

El individualismo y los diálogos de una sola vía dan pistas para acercarse a comprender la amplia gama de candidatos, y la consecuente dispersión del voto que existirá, lo que empaña a los próximos gobiernos locales que no contarán con mínimas garantías de gobernabilidad, porque devienen de fallidos procesos de acuerdos amplios y populares.

Pablo Vivanco Ordoñez

pablojvivanco@gmail.com

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