A título personal o en representación de una bandera política las fundas de caramelos fueron los obsequios de los candidatos. No cuestiono a quienes las reciben, ni tampoco a quienes las dan, lo que si cuestiono son la finalidad y la forma.
Para unos fue la oportunidad de ganar simpatizantes, para otros la oportunidad de ayudar sin mirar los frutos electorales. Esa finalidad distingue y clasifica a los candidatos entre los aprovechadores de la Navidad y los samaritanos. La voluntad de unos fue tan manifiesta que lo evidente demostró que esa aparente caridad fue un acto para conseguir votos y un negocio para comprar la consciencia democrática, antes que un momento de servir por humanismo y solidaridad.
Por otro lado, el modo de obsequiar fue heterogéneo. Unos a título personal antes que, como candidatos, y otros con reflectores y acompañados de una base política. También, el obsequio no fue homogéneo. Hubo fundas entregadas mediante programas con y sin rostros políticos, con y sin consignas políticas. La forma y el obsequio demuestran cómo piensan y que anhelan fervientemente.
No está demás mencionar que la necesidad está en transformar para que las alegrías no sean momentáneas sino duraderas, que la transformación no sea solo en Navidad sino en la realidad.
Carlos Andrés Orellana Jimbo
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