Una de las mejores experiencias que nos llenan de inmensa felicidad es la de ser padres, despertar cada mañana y brindar a nuestros hijos lo mejor de nosotros, con actitudes, comportamientos e interacciones asertivas y proactivas que les permitan un manejo adecuado de sus emociones sería el éxito; sin embargo, no dejas de ser una tarea difícil e importante a la vez, ya que engloba situaciones desafiantes y complejas que experimentamos cotidianamente.
Comúnmente escuchamos cuando los niños son pequeños tenemos problemas pequeños, cuando crecen los problemas también lo hacen; y, es que los padres jamás dejamos de preocuparnos por nuestros hijos. ¿Será que estamos actuando bien? Definitivamente no, vivimos en una sociedad en la que experimentan cambios constantes que desembocan en incertidumbre, ansiedad y manejo inadecuado de las emociones.
Ser padre no es algo que se aprende automáticamente, es necesario potenciar las habilidades naturales y preparación emocional para una crianza asertiva de nuestros hijos, construirla paso a paso, desbrozando el camino diariamente, para entender que su salud emocional es de trascendental importancia en su desarrollo; por ello, hay que respetarlos, hacerlos sentir que son muy importantes en nuestra vida -sin caer en la sobreprotección-, esto los hará sentir que son aceptados en el núcleo familiar y gozarán de una seguridad afectiva y emocional que les permita interactuar en esta sociedad cambiante.
Al aplicar estos principios los padres comprenden su rol de proveedores, no solo de las necesidades básicas, sino principalmente de afectividad, la necesidad de proteger y no ser permisivos, efectuando un liderazgo democrático y cuando el caso lo requiera autocrático, consistentes, así se convertirán en maestros para sus hijos, un espejo donde puedan verse y seguir su propio sendero sin dudas ni dificultades, pues su estima y autodisciplina son parte de su impronta. Recuerda es tu decisión ser feliz.
Francisco Herrera Burgos
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