Como bien lo afirmara Rodrigo Borja, el deporte es el mayor espectáculo de masas y un importante factor de sociabilidad. También es conocida la relación que siempre ha existido entre deporte y política, al ser utilizado como un potente distractor frente a los graves problemas que aquejan a las sociedades. De ahí aquella expresión de dar pan y circo al pueblo y con ello tratar de desviar la atención del pueblo de su triste y a veces horrenda realidad en la que viven. En esto ayudan mucho los medios de comunicación.
Verbigracia, ya sucedió en 1978, en el campeonato mundial de fútbol realizado en Argentina, cuando este evento deportivo se utilizó por parte del sanguinario régimen del dictador Jorge Rafael Videla, para, por un lado, desviar la atención sobre las detenciones, torturas, desapariciones y muertes que ocurrían en el cono sur y, por otra, capitalizar políticamente la obtención de una copa mundial.
Esa es una relación inobjetable. Así, podemos ver en nuestro país a políticos de todo linaje tratar de aprovecharse de los triunfos deportivos de modestos atletas, muchos alcanzados por iniciativa y esfuerzo individual, para obtener réditos electorales o pretender lavarse la cara ante la opinión pública.
Pero una relación para nada clara y, por lo mismo, menos predecible se da entre el fútbol y las matemáticas. Basta revisar, por ejemplo, la predicción realizada por la Universidad de Oxford, a través de un modelo matemático, que colocaba a Brasil como el equipo ganador del campeonato mundial de balompié que se juega en Catar. Ya en los hechos, el equipo carioca fue eliminado en cuartos de final.
Quizá ese atributo que tiene el fútbol (con excepción del VAR), donde la lógica y las matemáticas no siempre se cumplen, hace que este deporte genere tantas alegrías y emociones en todo el mundo, indistintamente de su entorno cultural, religioso y nivel de desarrollo.
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion