El pasado 10 de diciembre se conmemoró la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), ocasión que reafirma el compromiso de los pueblos con la dignidad de las personas, la vocación democrática y el fomento del diálogo entre las culturas, además de otros cánones de convivencia pacífica.
El preámbulo de la declaración contine premisas que guían la gestión social hacia lo que hoy se denomina desarrollo sostenible y que deberían recordarse, particularmente frente a riegos para la continuidad armónica del país, como la corrupción, la poca gobernabilidad y el narcotráfico.
En el primer párrafo de la DUDH se lee “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”, esto implica que las acciones privadas y públicas deben promover condiciones para horrar la vida y alcanzar la máxima expresión de las capacidades de los ciudadanos.
Pero, el activismo, las inequidades, los egoísmos agotan a los gobiernos, queda entonces propugnar, desde el respeto, para avanzar hacia las facultades y las responsabilidades de todos.
Ante las próximas elecciones de gobiernos locales en Ecuador, resulta urgente revisar las propuestas políticas bajo la óptica de los derechos humanos, porque se suelen malentender como una facultad privativa e individual que justifica el alejamiento de la acción colectiva, cuando en realidad suponen participación activa para mejorar la democracia y amplificar sus beneficios.
Así se podrá comprender que “las elecciones democráticas no son una lucha por la supervivencia, sino una competencia para servir a la nación”.
Abel Suing
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