Poder y empoderamiento

El poder político se fundamenta en una razón: el imperio de la ley; esto quiere decir que toda su preocupación se centra en la existencia de la ley; es decir, su objetivo central es la creación de leyes. Si queremos encontrar el sentido de la telaraña legislativa que se encuentra vigente en todos los países del mundo, aunque de forma ineficaz, es para mantener el desorden establecido. Para muestra un botón: en líneas generales podemos decir que las leyes penales sirven para ser aplicadas a los pobres, mientras que el derecho civil, constitucional y la lex mercatoria son utilizados por los ricos, es decir por personas o grupos de personas que han logrado adquirir y acumular poder a través de bienes materiales y económicos que no están dispuestos a compartir (deja todo lo que tienes y dáselo a los pobres). Para estos últimos la aplicación eficaz de la ley penal es beneficiosa y más aún cuando hay que aplacar al rival (económico, político y demás) a como dé lugar, aunque haya que utilizar la teoría de la destrucción creativa de Werner Sombart. Esta es la quintaesencia del poderío aporofóbico, rechazo a quienes se les aplicó el derecho penal del enemigo (horribile dictu). Para empoderar a las gentes desempoderadas es necesario el imperio de la ley, pero no suficiente, hace falta un empoderamiento compasivo, que según C. Díaz tiene las siguientes características: a). debilita al incompasivo y fortalece al débil. b). es dinámico y comunicativo, contra la anorexia desiderativa. c). se manifiesta en el deseo de ser mejor. d). Conlleva voluntad de reconocimiento recíproco (com/passio). e). es sinárquico, pues todos ganan (win-win relationship), sin que por ello desaparezcan las diferencias personales. f). es abnegado (ab-negatio, negación del propio poderío enfermizo).

Jorge Benítez Hurtado

jabenitezxx@utpl.edu.ec

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