Si valoramos con respeto los criterios, sugerencias y opiniones de varios turistas que nos visitaron y las reacciones de la ciudadanía, llegaremos a la conclusión de que el VII Festival de Artes Vivas, sin decir que todo estuvo mal pero tampoco todo bien, se quedó corto en el valor o estimación para el que fue creado. Lo que es preocupante y avisa la oportunidad de actuar porque no queremos el declive o la aceptación hacia abajo del evento.
En octubre pasado y con anticipación, habíamos sugerido la necesidad de una evaluación general del Festival, por razones que se han ido acumulando. Un ejercicio no para hacer un inventario de lo malo y lo feo, ni tampoco de los culpables, sino para poner en práctica las soluciones y correctivos que salgan de esa valoración. Por ejemplo, solucionar la división del “In” y el “Off” que aún persiste entre el Municipio y el Ministerio de Cultura, que está fomentando algunos desórdenes al confundir, en algunos escenarios, el Festival con una feria libre.
En este contexto se explica la razón de la Ministra de Cultura quien al bajar el telón del VII Festival ha reconocido la importancia de una evaluación del mismo. Ojalá su voluntad no haya cambiado o pospuesto. Evaluación que no debe ser a control remoto desde Quito, sino desde Loja, para que los dueños de la sede con celo anfitrión aporten con ideas y sugerencias en procura de darle la identidad merecida.
Está claro que el Festival Internacional de Artes Vivas se realiza en la ciudad que se ha convertido en referente de la cultura nacional. Y aquí debe ser revisada la organización, tomar los correctivos y proponer reformas inclusive a la ley que lo institucionalizó. La experiencia de siete festivales y el compromiso de involucrarnos todos, ayudará a encontrar la forma de mejorar la programación y el presupuesto que es clave, para garantizar la realización del VIII Festival de Artes Vivas Loja 2023.
Adolfo Coronel Illescas