El 15 de noviembre de 1922 las calles de la ciudad de Guayaquil se bañaron de sangre proletaria, durante el gobierno del presidente José Luis Tamayo, quien ordenó que se ataque a los miles de trabajadores que salieron a las calles de la ciudad porteña en procura de reivindicaciones, cuando sufrían una explotación bárbara de parte de sus patrones, con salarios de miseria que no alcanzaban para cubrir sus más apremiantes necesidades. Y fue el Ejército Nacional, con sus batallones Constitución, Zapadores del Chimborazo, Montúfar, Marañón, Artillería Sucre No. 2 y Cazadores de los Ríos, quienes dispararían sus fusiles brutales, causando la muerte de más de dos mil personas.
Joaquín Gallegos Lara, que a la par tenía 13 años, 24 años después, escribió su novela histórica “Cruces sobre el agua”, que, a través de sus personajes, principalmente Alfredo Baldeón y Alonso Cortés, revive estos cruentos momentos que se han convertido en una vergüenza nacional ante el consenso internacional. Hechos que nadie, hasta ahora, ha dado una explicación que los justifique.
El Foro Nacional de Oradores, reunido estos días en nuestra ciudad, ha tomado como temática para sus extraordinarias participaciones este nefasto hecho histórico, destacando el valor de la palabra como testimonio de la rebeldía que debe caracterizar al orador, frente a los hechos que atenten contra los derechos que tenemos todos los ecuatorianos y que, permanentemente, son vulnerados, por políticos que buscan sus acomodos y los de sus grupos, al margen de trabajar por la patria y sus afanes de desarrollo y progreso.
En la sesión solemne por sus 14 años de vigorosa vida académico-intelectual, celebrada el viernes 11 de noviembre, el Foro de Oradores, tuvo a bien entregarme el “Reconocimiento Dr. Félix Paladines al Amigo Ilustre de la Palabra”, por el trabajo desplegado en mi actividad de docente por el fomento de la oratoria en la niñez y juventud lojanas. Me enorgullece recibirlo, en el ocaso de mi actividad profesional.
Qué nunca se repitan hechos sangrientos como los ocurrido el 15 de noviembre de 1922. Los derechos y la justicia deben brillar para todos.
Darío Granda Astudillo
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