¿Cuántas mujeres más tendrán que caer para que paren la masacre, la barbarie y el asesinato vil y cobarde de compatriotas en este país? El Ecuador se desangra miserablemente todos los días y no hay poder humano ni autoridad estatal que hagan respetar la vida y dignidad de los ecuatorianos, lo cual nos ha puesto en una situación de grave inseguridad social, manifiesta en la falta de seguridad jurídica, llegando al extremo de un indignante y preocupante estado de indefensión.
El caso María Belén Bernal Otavalo rápidamente ha rebasado toda clase de expectativa, confianza y seguridad que en otrora se tenía de la Policía Nacional. Es que ninguna mente humana puede entender, comprender, ni siquiera imaginarse, cómo puede ser posible que en una institución de tan alto valor y prestigio, que tiene la misión y obligación de cuidar que se respete, se proteja la integridad y la vida de las personas, se haya cometido tan horrendo y repudiable crimen, todavía por parte de su esposo, nada más y nada menos con rango de alto oficial de la Policía e instructor o maestro de la misma.
El prestigio, respeto y consideración muy bien ganado en el pasado por parte de la Escuela de Formación de la Policía, con esta clase de crimen y últimos acontecimientos, ha descendido prácticamente en picada, a cero. Comprometiendo el valor táctico, técnico y científico que se han venido impartiendo a los que se han formado a diferente clase policial.
Ante esta espeluznante y vergonzosa realidad, cantidad inmensa de organizaciones, fundaciones y pueblo en general, defensores de los derechos humanos y de la vida en especial, hemos levantado nuestra voz de protesta, condenando el asesinato cruel y cobarde de una importante mujer profesional: María Belén Bernal.
Rómulo Acaro Guerrero