Esperemos…

Esperar viene de esperanza, y a su vez del latín “esperare” y podemos considerarlo como un sentimiento, un valor o un estado de ánimo, caracterizado por perseverar.

 Cuentan que cierto día, las estrellas del cielo se acercaron a Dios y le pidieron vivir entre los hombres; él accedió con la condición de que se conservaran pequeñas, como eran vistas desde la tierra; fue por eso, que una noche se llenó de estrellas; algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras jugaban con las luciérnagas y otras se mezclaron con los juguetes de los niños; en fin, la tierra estaba maravillosamente iluminada. Poco tiempo después las estrellas, resolvieron volver al cielo, porque existía mucha miseria, violencia e injusticia; entonces el Señor les increpo. ¡Claro! su lugar es el cielo, porque es la perfección de lo eterno y la tierra es lugar de lo transitorio, del que cae, del que yerra, del que muere y donde nada es perfecto. Sin embargo, al constatar si estaban todas, Dios vio que faltaba una; preguntó al ángel encargado ¿qué paso? Y este contesto así; Señor esa estrella decidió quedarse entre los hombres, porque descubrió, que su lugar estaba donde existe la imperfección, los límites, la lucha y el dolor; ¿y qué estrella es esa?; es “La Esperanza”.

De eso se trata, entonces de no perder la esperanza, de que vendrán tiempos mejores si lo queremos, poniéndole el suficiente optimismo para alcanzarlas cualquier meta. 

“La esperanza nos dice siempre, que el mañana será mejor”.

Talía Guerrero Aguirre

talia.guerreroa@hotmail.com

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