Desde el 10 de agosto de 1809, cuando Quito fue protagonista del primer grito de la independencia que le convirtió en Luz de América, se empezó a identificar, en ese entonces a la Real Audiencia de Quito, con una bandera roja con un aspa blanca. El 25 de mayo de 1822, luego de la batalla de Pichincha, se enarboló el tricolor colombiano: amarillo, azul y rojo. Diferentes circunstancias de la política y la vida nacional llevaron a que nuestro país cambie temporalmente de bandera hasta que el 26 de septiembre de 1860, el gobierno del presidente Gabriel García Moreno adoptó la bandera tricolor como emblema de nuestro país, decreto que fue ratificado en la Convención Nacional de 1861. Y, por decreto de gobierno de 1955, el 26 de septiembre se estableció como Día de la Bandera Nacional.
Esa es una breve síntesis del porqué nuestra patria tiene como símbolo principal a la bandera tricolor, a cuyos colores se les ha dado una serie de simbologías como que el amarillo representa el sol que abriga nuestros campos para madurar sus trigales; el azul, el límpido color de nuestros cielos, de nuestro mar territorial y los ríos que serpentean por nuestro suelo, mientras que el rojo, la sangre que ofrecieron nuestros héroes en el fragor de la contienda para darnos libertad y el fuego que sale de las entrañas de la tierra por el cráter de nuestros volcanes.
Hoy celebramos el Día de la Bandera Tricolor, nuestro sagrado emblema que, en todos los colegios del país, será motivo de especial pleitesía, pues, aparte de elogiar su grandeza por lo que simboliza para la patria, los estudiantes que han sido ejemplo perseverante de estudio y han obtenido los más altos promedios al llegar a tercero de bachillerato, se sentirán honrados al recibir el Pabellón Nacional que los califica como los mejores alumnos de sus planteles. Las banderas de la ciudad y del colegio, recibirán quienes obtengan los puntajes inmediatos.
La manera práctica de honrar a nuestro sagrado tricolor es siendo buenos patriotas, esto es, ciudadanos dignos, responsables y anhelantes de ver un Ecuador mejor.
Darío Granda Astudillo
dargranda@gmal.com