De dónde, cuándo, con quién, son incógnitas que surgen al inicio y con el desenlace incierto al evento de infección cuyo impacto al individuo o familias puede ser leve, moderado, crítico o exterminio. Con la presencia de la afección como dolor de cabeza, fiebre, diarrea, dolor extremo de las articulaciones, falta de oxígeno, bajo pulso, pérdida de apetito, para algunos ya las alarmas se prenden, actúan prolijamente sobrellevando de buena manera a diferencia de otros donde el efecto del Covid es crítico y la solución es la atención médica urgente en el Seguro o clínicas, ¡todas ellas abarrotadas!, porque requieres de asistencia de oxígeno o entubamiento (exterminio) y un sinnúmero de exámenes: TAC, electrocardiograma, de sangre de la vena, el de gasometría de la arteria, y otros para verificar como se encuentran órganos nobles como los pulmones, riñones, hígado, otros, afectados en pocos días. ¡Mientras tu luchas!, tu familia lucha en dos aristas, en lo sentimental – emocional, que conjuga una destrucción del individuo devastado por la posible pérdida de su ser querido; madres, padres, hermanos, tíos, primos, aprisionados y solo con la fe en que el Todopoderoso te salve, impotentes es lógico, ¡No se puede hacer nada más que esperar!; y, la otra parte es la económica, porque el acontecimiento no perdona y mientras tu o un ser querido lucha por su vida, ésta depende de un sinnúmero de gastos que tienen que solventar la familia y en muchos de los casos el evento no tiene paraguas financiero. ¡O se pagan los gastos, o no te atienden! o ¡no hay medicina! o ¡no hay exámenes! y ello resulta en un triste desenlace, sumado al hecho de que aún, haciendo el gasto, estos continuarán atormentando a una familia en luto, porque quienes se quedan en el mundo terrenal deberán cumplir con obligaciones posteriores.
Paúl Cueva Luzuriaga
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